La capacidad de sentir del ser humano está por los suelos. Prácticamente ha desaparecido. El hecho de que tanta gente no se conmueva al saber que una población entera está sufriendo las consecuencias de un genocidio es un indicio claro de que hemos tocado fondo. No es exagerado decir que, al perder los valores humanos, hemos perdido el sentido del ser. Cuando se desprecia la vida de otros, también se desprecia la propia.