A estas alturas, todos deberíamos tener claro que el genocidio de Gaza no es un hecho aislado. Da igual dónde vivamos. El fascismo se está propagando por todas partes, y no es casualidad.
Si todavía creemos que lo que pasa en Palestina no nos afecta, llegará un día —no muy lejano— en el que no podremos ignorarlo. Será tan evidente que nos llevaremos las manos a la cabeza y nos preguntaremos: "¿Cómo hemos llegado hasta aquí?". Sencillamente, no hemos hecho lo suficiente. La comodidad nos aboca a la desidia, y la desidia nos mata. Callar también es avivar el fuego.
Los humanos somos probablemente la única especie que se aleja de su propio nombre. El tigre siempre ha sido tigre, el elefante siempre ha sido elefante. Nosotros, si perdemos la humanidad, ¿qué somos, entonces? Crecemos y nos empobrecimos como humanos. Con los años perdemos instinto y naturalidad.
Sacrificamos el planeta con tecnologías que nos controlan. Creemos que el valor reside en el poder y el dinero, cuando toda vida merece ser cuidada. Nos hemos alejado de nuestra esencia por querer acaparar, acumular y destruir: cuanto más y más rápido, mejor.
Quienes hemos crecido en Occidente debemos reconocer que tenemos una visión de la vida abstracta, alejada de la realidad. Tendemos a creernos más sabios solo por haber nacido en un país privilegiado, a costa de empobrecer a otros. El expolio es una práctica histórica que siempre han llevado a cabo los mismos. En eso, nada ha cambiado.
Los valores esenciales —el respeto por la vida— deben resurgir. No pensemos que callando nuestra vida mejorará. Lo que conseguiremos es vivir con agonía una realidad injusta para todos.
** Fotografia tomada en el barrio de Trastevere, Roma, Italia.
Comentarios