Las redes sociales se han ido instaurando en nuestras vidas con el paso de los años. La primera red social apareció en 1997 y se llamaba SixDegrees. Permitía localizar y crear listas de amigos, y prometía contactar con una persona de cualquier parte del mundo en solo seis pasos. Acabó desapareciendo, mientras otras nacían y ganaban popularidad, como LinkedIn —enfocada al ámbito profesional—, que actualmente cuenta con más de 1.240 millones de usuarios.
Con la aparición de Facebook en Internet en el año 2004, las reglas del juego cambiaron. Hasta entonces, y durante los primeros años de vida de la plataforma creada por Mark Zuckerberg, las antiguas redes sociales iban desapareciendo. Facebook se hizo muy popular de inmediato por la facilidad y fluidez en la búsqueda de contactos, la creación de comunidades y la difusión de contenido.
Cambios en nuestra conducta
El uso de las redes sociales ha modificado nuestra conducta en distintos aspectos importantes de la vida:
- La relación con otras personas.
- La gestión (y el consumo) del tiempo.
- La interpretación de la información.
- Las prioridades.
- La percepción del mundo.
Las redes sociales han penetrado muy profundamente en nosotros y ya forman parte de la normalidad de todos, o casi todos. Hay quien se ha resistido a utilizarlas desde un principio. Otros las han abandonado al descubrir que no aportaban nada interesante a sus vidas.
Comencé a utilizar las redes sociales en el ámbito personal. Posteriormente, empecé a usarlas en el entorno profesional, incorporándolas a las estrategias de promoción en línea que diseñaba para mis clientes. Con los años, estas plataformas se han saturado y están acelerando el crecimiento del contenido basura en Internet, la red global. Se han convertido en un espacio para planificar y ejecutar técnicas de manipulación, intentar generar tendencias con un efecto que, en algunos casos, puede parecer fútil, pero que en otros afecta directamente a temas especialmente sensibles. En cualquier caso, cualquier intención de manipulación, independientemente del tema que ataque, no favorece el bien común.
La libertad que, en un principio, parecía que ofrecían las redes sociales se ha vuelto en nuestra contra. Se ha transformado en esclavitud. Estamos casi obligados a utilizarlas para llegar a los demás, pero intentar llegar a quienes queremos es cada vez más difícil sin tener que renunciar, precisamente, a nuestra libertad. Y es que no hemos entendido que no somos nosotros quienes dictamos las normas de las empresas propietarias de estas redes sociales, que son las que tendrán la última palabra sobre el contenido que exponemos en nuestros perfiles.
El poder manda
Sí, el poder manda, y los intereses económicos son los que van marcando los acontecimientos en todo el mundo: guerras, destrucción del ecosistema, políticas discriminatorias y violentas, y la compra de distintos medios de comunicación para crear campañas de distracción y desinformación con el objetivo de generar confusión en la población.
El caso reciente de la periodista Bisan Owda, con más de 1,4 millones de seguidores en su cuenta de TikTok, describe la situación actual de control y la deriva autoritaria que se está extendiendo por todo el mundo. Su cuenta ha sido cancelada a causa de una nueva política agresiva y desenmascarada que va en contra de las libertades de todos, especialmente de quienes utilizan sus perfiles para mostrar y denunciar hechos provocados por los propios propietarios de estas plataformas sociales.
Diría que, con el tiempo, hemos ido caminando nosotros mismos hacia un campo de concentración virtual que tiene consecuencias reales. No existe libertad en las redes sociales, pero sí hay control sobre nuestra forma de actuar y de pensar. Si intentas dar voz a las injusticias flagrantes que estamos viviendo en estos tiempos convulsos, serás eliminado de la vida social en línea. Pronto, en las redes sociales ya no quedará ningún resquicio para quienes han querido utilizarlas de forma orgánica para aportar un poco de valor a la sociedad.
Quítate la pereza de encima y actívate
La tecnología nos ha creado una sensación de comodidad y, con el tiempo, hemos simplificado nuestros esfuerzos por estar informados, a cambio de arrastrar el dedo de arriba abajo de la pantalla en el feed intoxicado de nuestra cuenta. Por este motivo, la prensa tradicional lucha cada día por no ahogarse ante una caída gradual de lectores, tanto en la versión física como en la electrónica.
Si nos preocupa que el mundo esté dirigido por un séquito de delincuentes sin escrúpulos, enfermos de poder, que están destruyendo el mundo en el que vivimos todos, deberíamos dar un paso adelante… y también un paso atrás. Volver a guardar y clasificar bookmarks en nuestros navegadores, leer los artículos de los sitios web que pueden aportarnos valor, participar en foros privados gestionados con transparencia desde plataformas independientes, suscribirnos a newsletters… En definitiva, se trata de trabajar un poco para conseguir información y poder contrastarla, utilizando y alimentando nuestros conocimientos.
Si no lo hacemos, ¿es porque la dependencia que tenemos de las redes sociales ha anulado nuestras capacidades? ¿O se debe a la desidia, porque creemos que estamos obligados a adaptarnos a un mundo que no tiene sentido?
** Fotografía realizada en un mercado de Bangkok.
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